Nuestra pequeña con diabetes, se ha convertido en una perra enorme y preciosa, de grandes orejas y más buena que el pan. Aunque sigue teniendo necesidades especiales, ser pinchada dos veces al día, y estar bastante vigilada por su diabetes, está muchísimo mejor. Nos está dando a todos una lección de valentía y de fuerza, pues está pequeña se ha aferrado a la vida y pese a tener una enfermedad para toda la vida, no piensa tirar la toalla.

¿Acaso no merece ya una oportunidad?

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